En lugar de adoptar una estrategia de tabula rasa, que habría borrado las decisiones urbanas e inmobiliarias heredadas que confluyen en el sitio, el diseño de Asadero fue concebido como una serie de correcciones formales, materiales y programáticas sobre las condiciones existentes. El proyecto propone una serie de intervenciones mínimas que ponen en evidencia aquellos puntos en los que distintos sistemas se intersectan, incorporando nuevos materiales y formas que generan, a lo largo de sus dos plantas, configuraciones de asiento informales, imprevistas y ambiguas. Asadero puede entenderse, por lo tanto, como un ensamblaje de elementos arquitectónicos construido mediante un proceso aditivo, en el que sucesivas capas de objetos fueron incorporadas al espacio. El resultado es una nueva experiencia gastronómica que toma como referencia tanto la ciudad de Buenos Aires en un sentido amplio como las necesidades del cliente y los restos de un desarrollo inmobiliario convencional. Diseñado en colaboración con Giusto Van Campenhout y el estudio IT MET.